jueves, 19 de octubre de 2017

Fragmento de Eterna Oscuridad

Vanessa encontró un lugar en el centro de la cafetería. Puso su mochila sobre la mesa y sacó su almuerzo junto con un libro. Comenzó a hojearlo mientras degustaba de un sándwich de jamón perfectamente cortado a la mitad. A un lado tenía un jugo de manzana en un pequeño cilindro. El ruido de la multitud le molestaba pero eso no impedía que su concentración fuera absoluta. Se encontraba leyendo los primeros párrafos cuando algo inusual sucedió. Entre una multitud que entraba a la cafetería sobresalía una figura oscura. Portaba una sudadera negra y sucia. La capucha cubría su cabeza casi por completo. Vanessa se intrigó al verlo pues caminaba entre la gente sin que nadie se percatara de su presencia. Trató de ver su rostro pero la capucha cumplía con su cometido. Una oscuridad extraña envolvía su rostro. De pronto dejó de avanzar y se quedó inmóvil en medio de la multitud. Vanessa podía sentir su mirada. Podía que la miraba fijamente. La chica comenzó a extrañarse pero a cada segundo que pasaba su mente pasaba de lo extraño al terror, había algo en aquella figura que no le gustaba en lo absoluto y lo más escalofriante del asunto era que todos lo evadían. Nadie lo miraba directamente a él a pesar de la vestimenta sucia que portaba, era como si estuviera pero no al mismo tiempo. Vanessa se volteó y siguió forzadamente con su lectura cubriéndose el lado izquierdo del rostro.


La multitud que acababa de entrar comenzó a buscar lugares vacíos. No había muchos disponibles. Entre ellos estaban los asientos que rodeaban a la chica. Había ocasiones en las que acompañaban a la chica en su soledad, en especial Daniel, un joven de gustos extraños que compartía su odio contra el mundo pero no había aparecido y por alguna extraña razón, ella deseaba estar con alguien. La soledad había invadido su paz, se sentía sola y llena de miedo. Trató de concentrarse en la lectura pero la curiosidad era más fuerte. Quitó un poco la mano de su rostro y se encontró de nueva cuenta con el extraño sujeto solo que esta vez se encontraba sentado, a un lado de un grupo de chicas. El tipo aún seguía observando detenidamente a Vanessa. La joven se volvió a cubrir el rostro. Estaba aterrada. El ruido envolvente de la gente rodeo sus sentidos, incluso producían un eco extraño. Una risa lejana llegó a sus oídos y contagió a los demás en la cafetería. Vanessa sentía, percibía que se reían de ella, de su soledad, del terror que sentía por ser observada por un tipo maniático que conjeturaba aventuras sexuales con ella. Repentinamente algo rompió el ambiente. Uno de los motociclistas pasó a un lado del grupo de los populares. Lo empujó sin intención pero el otro no lo tomó así. Se volteó y comenzó a empujar al tipo de la chamarra de cuero. Se hicieron de palabras. Se comenzaron a elevar los ánimos y así sin más, la tregua que se había fraguado hace tiempo había llegado a su fin. Ambos grupos no escatimaron en golpes y amenazas de muerte. La sangre comenzó a inundar el piso de la cafetería. Las mujeres también se golpeaban, algunas jalaban el cabello de las otras con tanta fuerza que literalmente lo arrancaban. La batalla campal parecía un documental de animales salvajes solo que más bizarro y sangriento. Vanessa no daba crédito a lo que veía. Uno de los tipos de chamarra de cuero alzó el rostro cuando arrancaba la garganta de otro con sus dientes y la chica se encontró con una mirada diabólica, perversa, carente de humanidad. Sentía que era la mirada morbosa del extraño de sudadera negra. Volteó hacia donde él se encontraba pero este había desaparecido. Miró a la multitud de la cafetería y se percató de que todos se encontraban paralizados, como muertos vivientes. Nadie hacia nada por detener la masacre. Repentinamente unos maestros entraron al recinto y comenzaron a separar a los jóvenes sedientos de sangre. Vanessa se levantó y huyó rápidamente no sin antes escuchar su nombre pronunciado por una voz de ultratumba dentro de su cabeza. Vanessa, Vanessa, Vanessa. Volteó en el acto y lo último que pudo ver fue la violencia incontrolable de los jóvenes hacia los maestros.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Mas allá del sonido


En estos tiempos modernos es complicado creer en lo fantástico. Fantasmas, demonios, seres del inframundo que, constantemente, vienen a entrometerse en nuestras vidas mortales. El solo mencionarlos es como si quebráramos la línea de la evolución, aquella que nos ha convertido en seres razonables. Capaces de crear y nutrir ideas que trascienden a lo largo de la historia. El solo pensar en esto retiramos de nuestras mentes toda superstición, pero que pasaría si toda esa recopilación de fantasías absurdas realmente existiera y nos vigilara desde un punto el cual no pudiéramos percatarnos de su existencia. En mi caso estoy más que seguro de esto último. Me atreví a acercarme a ellos sin pensar en las consecuencias, mi curiosidad fue más fuerte que mi abstinencia. Debo escribir rápido pues presiento que con cada hora, minuto y segundo ellos están más cerca y sabe dios qué planes tengan para mí.

Todo comenzó cuando la audición de mi oído derecho se perdió. Me vino una especie de hipoacusia según los médicos. Me hicieron estudios auditivos y neurológicos pero todo parecía inútil. Los resultados que arrojaban eran normales y no encontraban ningún tipo de anomalía en mi oído, simplemente no respondía a los ruidos. Pasó una semana y mi angustia incrementaba. Mis hábitos comenzaron a cambiar. Constantemente me golpeaba con los muros. En una ocasión estuvieron a punto de atropellarme. Le explique al conductor de mi condición y lo único que pudo hacer fue mostrar lástima, incluso ofreció llevarme a mi casa. Me sentía como un anciano, un inútil, una persona que ya no podía valerse por sí misma. Mis amistades aún se preocupaban por mí pero yo comencé a alejarlas. Un buen día dejaron de visitarme pues mi comportamiento solo expresaba odio y frustración. Tenía constantes arranques de ira y todo lo que se travesaba en mi camino era destruido por completo. Un mes después mi mundo, mi trabajo, mis amistades, mis cosas, todo se había ido a la mierda y mi oído derecho seguía sin recibir señales de ningún tipo. Todo eso cambió de la noche a la mañana pues aquello que deseaba escuchar se transformó en algo que no esperaba. Primero eran voces, decían algo pero simplemente no lograba interpretarlo. Esto me causó emoción pues creí que mi audición había regresado pero mis médicos creyeron que solo estaba desvariando. Volvieron a hacerme estudios y el resultado seguía siendo el mismo. Entonces ¿Qué era lo que escuchaba? En mi casa me tapaba el oído izquierdo y aquellas extrañas voces cesaban pero en cuanto quitaba mi mano de la oreja aquello volvía. En la noche este fenómeno se presentaba con mayor frecuencia. El silencio nocturno provocaba un susurro intenso en mi cerebro. No deseaba prestar atención pero mi curiosidad fue más fuerte. Un buen día decidí prestar atención a lo que decían, de haber sabido lo que venía jamás lo hubiera hecho. Rezaban una especie de cántico: El vigilante se acerca, la tierra del olvido mora a tu alrededor, la visión de un mundo externo, donde la muerte es solo el suspiro de un largo sueño. Después comenzaban a entrelazar sus cánticos y el significado de las palabras se perdía. Hice una anotación rápida en una hoja arrugada de papel. A partir de aquel día las voces se oían cada vez más fuerte y siempre declarando la misma frase. Trataba de no prestarles atención pero era demasiado molesto. No podía conciliar el sueño. Entonces se me ocurrió algo extraño, algo que jamás pude concretar si realmente provenía de mi imaginación o de alguna especie de persuasión de estos seres. 

La idea era dialogar con las voces.

Aquel día esperé pacientemente la noche, jamás me había visto tan ansioso, dispuesto, mi ira comenzaba a reprimirse en preguntas, en ideas que a cualquier escritor de ficción le hubiera encantado conocer. Estaba dispuesto a entablar un dialogo con ellos. Deseaba averiguar qué era lo que querían de mí.

Al caer la noche me preparé. Ya eran cerca de las once de la noche y las voces apenas comenzaban. Escuchaba susurros que poco a poco empezaron a entonar el extraño cántico. Esperé pacientemente a la media noche conjeturando una serie de preguntas que se me antojaban extrañas pues jamás en mi vida me había encontrado en una situación en la que pudiera cuestionar entidades de otro mundo. El solo pensarlo me hacía sentir como un pequeño animal indefenso.
La intensidad creció y con mi oído derecho podía escuchar perfectamente aquel submundo desconocido. Mi oído izquierdo solo escuchaba el silencio de la noche. En cuanto escuché la frase realice la primera pregunta:

-¿Quiénes son?

No obtuve una respuesta inmediata así que me aventuré a la segunda pregunta.

-¿De dónde son?

Esperé unos minutos pero de igual manera no obtuve respuesta. Sentía que con estas preguntas no llegaba a ningún lado. Había formulado cerca de diez pero la última era la más importante de todas. Me puse cómodo antes de formularla pues me encontraba sumamente nervioso. Me encontraba hablando con entidades de otro, posiblemente provenientes de la muerte. No era del todo cuerdo hacerlo pero algo me decía que era mi deber.

-¿Quién es el vigilante?

Repentinamente las voces callaron y la audición de mi oído derecho regresó. Me llené de alegría al instante pero no por mucho tiempo. Los grillos dejaron de cantar, el viento dejó de soplar y la luna se tornó oscura, emborronada, como si hubiera sido dibujada con carboncillo.
Hace ya un rato que hice esta pregunta y mi casa se ha tornado de una oscuridad extraña. Hay cientos de gatos parados en el techo de la casa de enfrente; observando mi ventana, observándome a mí mientras escribo estas palabras. Presiento que se acerca. El llamado del vigilante ha sido contestado.
Por dios ¿Qué es eso? Alguien ha abierto la puerta de mi casa. Escuchó pasos pesados junto con algo grande que arrastra. Ya viene por mí. Su presencia ha ensombrecido mi habitación, será mejor que cierre con llave, aquello, sea lo que sea no me atrapará. Ahora entiendo lo que mi oído captaba. Un mundo en tinieblas que se oculta en la oscuridad y busca nuevos miembros con los cuales hacerse de una legión de demonios, seres de oscuridad que solo viven de la noche perpetua, demonios de una perversidad insaciable.

El vigilante ha llegado. Ha tocado mi puerta con algo pesadamente. Puedo sentir su presencia maldita recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Estaré muerto. Talvez la enfermedad de mi oído era más grave de lo que creía ahora entiendo aquellos arranques de ira. Mi cuerpo luchaba por sobrevivir pero no mi mente, pero no mi espíritu.

La puerta se ha abierto. Él está en la puerta pero extrañamente no siento miedo alguno. Trataré de describirlo de la mejor manera posible. Es una enorme mancha negra en forma de túnica que se ondea de la cabeza a los pies. Lo que trae pesadamente arrastrando es una especie de enorme bolsa donde…hay varios cuerpos putrefactos.


Confirmo mis sospechas es la hora mi muerte y el viaje hacia aquella tierra del olvido apenas comienza. Extrañamente una mano demoniaca ha salido de aquella túnica. Ahora le puedo ver la cabeza y es monstruosa, parece una especie de reptil cornudo. Por dios me llevara a los infiernos…No espera, no, nooooooo. 


lunes, 17 de julio de 2017

En el kilometro 60


Las carreteras son los lugares más inciertos del mundo. En ellas se han encontrado las situaciones más extrañas e insólitas. Los accidentes de auto están siempre a la orden del día así como los atropellamientos de personas y animales. Las motocicletas también son parte de esta categoría, pero que pasa cuando el accidente no tiene nada que ver con las acciones y la influencia del hombre. Cuando hay elementos que van más allá de nuestro entendimiento. Cuando los hechos rozan la delgada línea entre la imaginación más desbordante y la realidad más latente. No tengo idea del comportamiento modelo de esto último pero lo que si se es que en este plano hay situaciones incomodas que nos trasportan  a los lugares más oscuros de la tierra.

Mi nombre es Leticia Pandero. Soy oficial de la policía estatal. Los casos que recibíamos en el departamento eran cuantiosos, en cuanto a desapariciones misteriosas se refería. En algunos de ellos la víctima era encontrada y regresada a su familia pero la mayoría jamás aparecía a pesar de los esfuerzos y las investigaciones. Al año se reportaban cientos de casos relacionados con niños y adolescentes desaparecidos. La mayoría dejaba sus casas por violencia intrafamiliar pero otros eran raptados y alejados del mundo donde vivían. Todos ellos tenían algo en común, un patrón que justificaba sus desapariciones, no fue hasta el otoño cuando una llamada anónima cambio el panorama por completo.

Aquella tarde de Octubre me encontraba revisando los archivos policiales. Tenía especial atención por uno en particular. Una niña de diez años había sido reportada como desaparecida por su padre, teniendo como principal sospechosa a la madre pues se especulaba que se había ido del país con ella. La fotografía de la niña me encantaba tenía una mirada tierna y un semblante relajado. Me recordaba a una fotografía que tenia de mi hermana fallecida hace diez años. La contemplaba tranquilamente cuando el teléfono sonó. Me provoco un pequeño sobresalto. Eran altas horas de la noche y no suelo recibir llamadas cercanas a la media noche pero en esa ocasión algo era diferente, era como si al contestar esa llamada mi vida dependiera de ello. Dude un poco pero finalmente levanté la bocina.

-Departamento de policía- dije un poco temerosa.

-Ayuda- dijo la voz distorsionada de un niño.

-Si diga en que le podemos ayudar-

-Aquí en el kilómetro 60….un accidente….alguien está afuera

-De acuerdo. ¿En dónde dices que te encuentras?

-Tuvimos un accidente….cerca de la curva….en el kilómetro 60….ayuda por favor hay alguien….fuera

La llamada se cortó repentinamente. Miré los datos que había anotado en una pequeña libreta. Arranqué la hoja, me levanté de mi asiento y me dirigí con mi compañero. No era bien visto que una mujer permaneciera sola con un hombre en horarios de guardia en la jefatura pero Darío era un buen hombre, padre de tres hijos y siempre al tanto de poder ayudar a quien más lo necesite. Cada que entraba a la jefatura contemplaba con seriedad las fotografías de las personas que desaparecían año con año. Las miraba cerca de media hora provocando que los demás compañeros hablaran de él por comportarse extrañamente. Yo creo que lo hacía por el terror que le provocaba saber que cualquiera de sus hijos podría encontrarse en aquel pizarrón. Por ese pensamiento hacía su trabajo con seriedad es por el cual confío ciegamente en sus capacidades, tanto policiales como investigativas. Y es por eso que le pedí al comandante tener mis horarios de guardia con su compañía.

-Darío. Tenemos un accidente en el kilómetro 60, posible secuestro- dije irrumpiendo en su oficina.

El hombre se encontraba estudiando de igual manera. Al parecer las desapariciones de niños se convirtieron en una misión para su vida.

-¿Cómo sabes que no es una broma?- preguntó debido a una llamada anónima que había recibido días atrás. Ambos acudimos al lugar pero resultó ser una completa tomada de pelo. Es por eso que hemos sido más precavidos al respecto pero como dije antes esta llamada sentía que era de vida o muerte. Y no me equivoqué.

-Un niño fue quien la realizó

Darío se quedó pensando un momento. Las desapariciones en la carretera de Villa del Carbón eran más frecuentes. Los cientos de reportes que llegaban en la jefatura daban fe a ello.

-De cuerdo vamos

Nos dirigimos a la patrulla. Darío manejo. Seguramente se debió a que se dio cuenta de mi inquietud. Mi cuerpo temblaba pero no tenía idea del porqué, era como si me alertara de algo siniestro. No sabía el porqué de este pensamiento, así como tampoco tenía idea de porque la imagen de la niña de diez años me invadía por completo.

La carretera era más oscura de lo habitual parecía estar envuelta en un velo antinatural, como si la noche fuera controlada por fuerzas sobrenaturales.

Al llegar al lugar del accidente nos quedamos perplejos, extrañados, sobe todo Darío quien detuvo la patrulla a cinco metros del accidente. Lo primero que vimos fue un auto plateado, al parecer un Valiant en perfectas condiciones. Se encontraba abandonado con ambas puertas abiertas de par en par. A simple vista no parecía haber nadie, Yo buscaba al niño pero el interior del auto parecía intacto. No había señales de vida. Darío fue el primero en bajar de la patrulla. Portaba su linterna, desenfundó su arma y comenzó a aproximarse lentamente al Valiant. En seguida bajé yo imitando a Darío. Los faros de la patrulla tenían una fuerte luminosidad pero a pesar de esto la oscuridad de la noche parecía ser más densa que la luz. En la oscuridad se escuchaban pequeños murmullos que venían con el viento y desaparecían en el interior del bosque.

-¿Oyes eso?- pregunté casi susurrando.

-Sí, es muy extraño

Al llegar al auto aluzamos el interior. Como lo habíamos previsto el dichoso niño no se encontraba pero si había algo que parecía fuera de lugar en la escena. Había huellas grandes y pequeñas que se adentraban al bosque. Estábamos por ir a revisar pero algo brillante me llamó la atención. En el espejo retrovisor se encontraba un collar de cuero donde colgaba una joya verduzca e insólita. La tomé sin titubear una acción que a mi colega no le agradó del todo.

-Espera, suelta eso. No sabes de donde proviene- dijo Darío.

Estaba por soltarlo pero un grito extraño se escuchó en el bosque. Ambos volteamos hacia la noche y dirigimos nuestras linternas hacia ella. Me guardé el collar en la bolsa y comenzamos a avanzar hacia la nada. A cada paso que dábamos las huellas parecían deformarse. Las pequeñas seguían su curso pero las grandes crecían exponencialmente llegando a medir más de 40 centímetros. Lo primero que pensé fue en la gran altura del secuestrador. Por lo menos dos metros si media. Que equivocada estaba pues aquello no era humano.

Recorrimos cerca de un kilómetro en el bosque, siguiendo el grito que cada vez se escuchaba con mayor intensidad. Las huellas seguían creciendo pero la oscuridad que nos rodeaba era más densa aún. Susurros en el viento decían nuestros nombres pero a pesar de esto el terror no invadía aún nuestras mentes pues los gritos del niño nos preocupaban más.

De pronto las huellas terminaron abruptamente y frente a nosotros la espesura del bosque se presentó en toda su plenitud. La tenue luz de nuestras linternas dejó ver una maraña de arbustos que tapaban un resplandor verduzco. Comenzamos a caminar entre la larga frondosidad del bosque en dirección a aquella extraña luz. Los gritos habían cesado pero un extraño sonido gutural llegaba a nuestros oídos. Antes de pasar el último arbusto ambos nos miramos y asentimos con el terror que comenzaba a molestarnos. Nos quitamos de encima la naturaleza y lo primero que vimos fue un enorme claro que iluminaba la total circunferencia de este. Había dos siluetas negras en el centro del resplandor, una era enorme, probablemente media cerca de dos metros mientras que la otra era más pequeña e inferior a la otra. El resplandor no nos dejaba ver con claridad. Darío fue el primero en hablar.

-Las manos arriba. Donde las pueda ver.

Ninguna de las dos siluetas se movió.

-¡Las manos arriba! ¡Ahora!- grité.

Repentinamente la silueta grande se perdió en el interior del bosque y el resplandor con ella. La silueta pequeña se quedó en medio del claro. Yo di un paso pero Darío me detuvo.

-Espera. Mejor vamos los dos.

Ambos levantamos nuestras armas con las linternas y comenzamos a caminar hacia la silueta. Me encontraba más nerviosa que nunca y el temblor de mi cuerpo era más fuerte. Algo me decía que no era buena idea que me acercara. Y había mucha razón en eso. Las internas iluminaron una cabeza sin cara. Un ovalo negro, repleto de sangre y materia humana sobresalía de su contorno. Yo estuve a punto de gritar pero mis años como policía me recordaron que esto era una pésima idea, sobre todo si el asesino seguía suelto cerca de nosotros. Mi compañero se tapó la boca con el ante-brazo. Le provocó repugnancia la escena. La silueta de pronto cayó al suelo. Por la estatura y la ropa no tardé en concluir que se trataba del niño que llamó a la jefatura.

-Ese maldito sigue suelto. Tenemos que atraparlo- dijo Darío y como respuesta a su comentario un gruñido se escuchó entre los arbustos. Ambos dirigimos nuestras armas y linternas hacia el bosque y comenzamos a caminar al interior de la densa noche. Las pisadas se escuchaban grandes y pesadas y se alejaban cada vez mas de nosotros. Comencé a sentir los mismos espasmos cuando escuchaba aquel gruñido del demonio pero mi determinación por juzgar al maldito que mutiló a aquel inocente niño era más fuerte que nada en el mundo y Darío pensaba de la misma manera.

La persecución terminó abruptamente cuando el asesino se detuvo frente a nosotros. A diez metros de distancia. Tratamos de aluzarlo con nuestras linternas pero fue inútil, la luz extrañamente no llegaba hasta su posición. La oscuridad junto con el viento susurrante era más fuerte en aquella parte del bosque. Darío de nueva cuenta fue el primero en hablar.

-¡Alto ahí maldito! ¡Las manos donde las pueda ver!

El tipo no se movió pero si dejó escapar un pequeño gruñido de ultratumba que me estremeció por completo.

-Darío ten cuidado- dije en voz baja. –Eso que esta frente nosotros no es humano- lo dije sin pensar.

-¿De qué hablas?

-Solo ten cuidado

Darío comenzó a acercarse y ahí fue donde supe que aquella cosa no era humano. El viento movió un poco las nubes y la luna fue la encargada de revelar su identidad. Su cabeza era la de un enorme lobo negro, sus ojos eran rojos e irradiaban una maldad sobrenatural. Su cuerpo era totalmente peludo y sus manos y pies eran las de un lobo. El hocico lo tenía totalmente lleno de sangre. De sus comisuras colgaban órganos largos y sangrantes, provenientes del rostro del niño. Darío estaba por apretar el gatillo pero algo inhóspito sucedió en ese momento. La joya que hurté del auto comenzó a resplandecer de un verde intenso. El monstruo dirigió su mirada hacia mí y comenzó a gruñir con una rabia anormal. Tomé el amuleto y lo lancé hacia él. Su velocidad me impactó. Tomó el amuleto en el aire y corrió como un ser humano al interior del bosque lanzando un grito aterrador que produjo eco en todo el lugar.

Darío y yo regresamos a la jefatura. No dijimos nada en el camino pero teníamos cientos de preguntas en nuestras cabezas. ¿Qué fue eso o mejor dicho, que cosa era eso? Tanto el auto como el cadáver del niño los dejamos ahí el resto de la noche. Al día siguiente contamos al comandante lo ocurrido. Armó un cuerpo policíaco y nos dirigimos al lugar de los hechos. El Valiant ya había desaparecido pero las huellas seguían ahí. Todos las seguimos hasta el claro pero el cadáver también había desaparecido. Continuamos adentrándonos en el bosque y llegamos a las enormes huellas del monstruo donde se paró en dos patas y nos observó con sus ojos inyectados en sangre. Todos seguimos las huellas que dejó cuando salió disparado del bosque pero desparecieron abruptamente en un peñasco. La altura de este era muy grande y al fondo del cañón se encontraba el temible pueblo abandonado de Solares. Imán de cientos de leyendas malditas sobre sectas satánicas. Todos nos miramos y concluimos que aquella cosa estaba escondida en aquel lugar. Decidimos dejo esto por la paz y regresar a la jefatura. Ni siquiera los hombres más valientes de la policía son capaces de adentrarse en las calles de ese pueblo. Incluso es temido por los animales de la región.


Tengo que confesar que nuestro testimonio fue al cien por ciento recibido por nuestros compañeros. No era de esperarse pues una historia de estas no es fácil de creer por eso decidí anotarla. Plasmarla en papel para impedir que mi memoria la archive en el olvido. Aunque estoy segura de que esto último es poco probable pues aquellos ojos del infierno o podré olvidarlos jamás.


lunes, 22 de mayo de 2017

Fragmento de "Eterna Oscuridad"

Artículo publicado en el periódico “La Voz de México”, Febrero 1969:

Terrible accidente en hospital para enfermos mentales.

18 de Febrero, año 1969. El sanatorio “Casteda”, un hospital para enfermos mentales ubicado a las afueras de la ciudad de México, en el municipio de Atizapán de Zaragoza, se incendia por dentro. El fuego consumió todo el edificio calcinando todo a su paso. El departamento de bomberos asistió en el acto gracias a que un vecino vio la enorme estela de humo sobresaliendo de la parte de atrás del cerro. Los bomberos de inmediato acudieron al lugar. Según el testimonio de uno de ellos las llamas del lugar eran enormes, alcanzaban hasta diez metros de altura, tuvieron que pedir ayuda a por lo menos cinco camiones más para poder sofocar el fuego. El lugar era enorme y tenía cinco entradas si se rodeaba la propiedad o al menos eso fue lo que los bomberos alcanzaron a notar. Uno de los camiones fue a las salidas de atrás para poder entrar y rescatar a los sobrevivientes ya que, según los testimonios recogidos, los gritos desgarradores de los residentes y del personal del sanatorio eran intensos y pedían ayuda. Los bomberos trataron de derrumbar aquella salida de emergencia pero aparentemente se encontraba sellada por dentro, como si algo muy pesado la bloqueara del otro lado. Intentaron con las demás pero fue inútil, todas se encontraban bloqueadas y no se podía penetrar del otro lado. Intentaron escalar los muros de hormigón de ocho metro de altura pero las llamas eran demasiado grandes para poder atravesarlas. Desde fuera de la propiedad los bomberos apuntaron sus mangueras hacia el interior. Seis horas después el fuego finalmente había sido extinguido, los gritos se habían dejado de escuchar y el departamento de bomberos junto con el departamento de la policía municipal, lograron entrar al lugar sin el menor problema. Al parecer las salidas y entradas ya no estaban bloqueadas. Los muros del sanatorio estaban negros por las enormes llamas pero parecían no haber tenido el mayor daño, incluso parecían intactos. Según los bomberos dicho incendio debió provocar daños considerables a la estructura pero al parecer había sucedido lo contrario sin explicación alguna. La entrada principal estaba constituida por dos enormes puertas de acero. El peso de ambas era considerable. Con la fuerza de un hombre no bastaba para poder abrir una, se necesitaba la fuerza de dos, por lo tanto cuatro hombres hicieron la labor de abrir ambas puertas.

Según el informe dado por el comandante Morales, el interior estaba hecho un desastre. Todo se había perdido. Cada habitación del sanatorio estaba repleta de cenizas y basura carcomida por las llamas. Lo extraño de esto es que se buscaron cuerpos de los pacientes y personal del hospital, pero ni un rastro de hueso humano fue encontrado, se asumió que probablemente el fuego haya sido demasiado intenso para consumir en su totalidad los cuerpos. No se pudo rescatar nada. Se recorrió todo el lugar en busca de alguna pista que pudiera proporcionar la causa del incendio pero simplemente nunca se encontró. Una de las habitaciones estaba sellada. Se trató de derrumbar la puerta pero todo fue inútil, ni siquiera las hachas de los bomberos lograron penetrar la madera. Se sugiere que probablemente dentro de esta se encuentre la causa de tal catástrofe. Esperaremos los informes de los peritos correspondientes.

Noticia extraída del diario “El Informante”. Febrero, año 1969

Anciano de 72 años muere terriblemente

18 de Febrero, año 1969. Un hombre de 72 años de edad muere calcinado en la sala de su casa. Su nombre era Santiago Treviño. Este hombre de nacionalidad mexicana. Era psicólogo y médico-cirujano, recibido con honores por la Universidad Nacional Autónoma de México. Calificado como el mejor de su clase, el señor Treviño realizó importantes investigaciones en el campo de la cirugía y la psicología. Fue autor de varios libros y reconocimientos en estos campos de la medicina. Le fue ofrecido el puesto de director del sanatorio “Casteda”, controvertido hospital para enfermos mentales. Según las investigaciones el hombre había desestimado tan importante puesto horas antes del incendio que consumió por completo el sanatorio. De esta manera el médico también murió calcinado. Los restos que se encontraron en su casa determinaron que el incendio que lo consumió por completo no tuvo causante alguno. Lo único que se pudo rescatar de aquella incineración, aparentemente espontánea, fue su tobillo unido a su pie. Las investigaciones realizadas por los peritos correspondientes no encontraron más causas posibles de aquella extraña y terrible muerte. Existe una hipótesis que explica que el hombre era adicto al alcohol y al cigarro y probablemente se quedó dormido en medio de sus delirios alcohólicos, se derramó el vino sobre sus ropas y el cigarro hizo el resto, aunque esta hipótesis de igual manera ya ha quedado descartada pues la consumación del cuerpo fue total, sin dejar rastro alguno más que aquel tobillo. Sin duda alguna una muerte muy extraña.

Articulo extraído del diario amarillista “Lo Contundente”. Marzo, año 1969

Sanatorio Casteda: El infierno en la tierra

Mucho se hablado de este singular y controversial lugar. Hace un mes fue consumido por un terrible incendio que lo dejó prácticamente en ruinas. Hace poco se hablaba de que dicho sanatorio fue incendiado a propósito. Se hablaba de corrupción y de un increíble despilfarro por parte de sus directivos, pero hay que mencionar que en este sanatorio se vivía el mismo infierno en la tierra. Existen cientos de leyendas que hablan de lo ocurrido y la mayoría de ellas apuntan a ciertos ritos hechos por los médicos para poder experimentar con los pacientes. Uno de ellos respondía al nombre de: Eduardo Quiroz. Este singular personaje era un médico graduado con honores, especialista en trastornos psicológicos y como estos influyen de una manera sobrenatural en su entorno. Al parecer en la universidad se le impidió que tratara el tema de lo paranormal en términos de medicina pero al serle asignado el sanatorio dio rienda suelta a su imaginación y era un secreto a voces lo que este hombre experimentaba con los pacientes. Otro de estos médicos aficionados a lo oculto era el psicólogo Guillermo Treviño, un hombre interesado por la invocación de seres paganos a través de ciertos libros de brujería y esoterismo. Al igual que el doctor Quiroz este hombre llegó al sanatorio con motivos oscuros y juntos crearon (o trataron de crear) un laboratorio de experimentos diabólicos. Incluso el abuelo de Guillermo, Santiago Treviño un respetado hombre en el campo de la medicina nacional al cual le fue asignada la dirección del sanatorio horas antes de que este se consumiera por completo, también fue consumido por unas llamas espontaneas estando en la comodidad de su hogar. Nadie sabe a ciencia cierta lo que realmente escondían los cuartos de este lugar. Las investigaciones concernientes apuntan a rituales satánicos. Gracias a dios que el sanatorio se encuentra abandonado y cerrado a todo el público, solo dios sabe lo que realmente ocurría ahí.

Nota extraída de un diario independiente estudiantil llamado “La Verdad”. 

Noviembre año 1968

La verdad sobre lo ocurrido en la plaza de las tres culturas

Según las investigaciones que hemos realizado en torno a algunas muertes ocurridas en Tlatelolco la noche del 2 de Octubre pasado todo parece apuntar que ciertos cuerpos encontrados en la plaza no pertenecían al movimiento estudiantil. Según los reportes de los médicos forenses los cuerpos llevaban dos días de haber muerto. Lo cual es imposible. Al indagar más en el asunto uno de estos médicos que, fue amenazado de muerte hace algunos días, nos informó que algunos de estos estudiantes aún seguían con vida cuando fueron a recoger los cuerpos y las fuerzas especiales que iniciaron el tiroteo los levantaron y los llevaron en varios vehículos del ejército. Se rumorea, decía el médico, que los llevaban lejos de aquí, específicamente a un sanatorio ubicado en el Estado de México. Informaremos más sobre el asunto.


domingo, 7 de mayo de 2017

Ciudad Oscura

El pavimento se siente áspero y húmedo a la vez. Emana un olor a muerte y devastación de lo mas recóndito de la calle. El humo penetra en las fosas nasales del hombre provocándole un ligero lagrimeo involuntario. Aún no despierta de lo que el espera sea una pesadilla. De pronto sus ojos comienzan a abrirse lentamente, con pesadez, con el deseo de no levantar los párpados, como si estos pesaran demasiado. Lo primero que ve es un niño, al menos lo que queda de él. Sin el brazo y la pierna derechos, el niño se convierte en la realidad de la pesadilla. Se convierte en la causa del olor putrefacto en el aire. El hombre no le ve el rostro pero el pánico le provoca un tornado de emociones espeluznantes en el estómago. Apoya las manos en el pavimento con lo poco que le queda de fuerza, finalmente siente la textura de lo que con anterioridad era su cama provisional. Logra apoyarlas y comienza a ascender su cuerpo con sumo agotamiento en su ser. Se mira sus ropas y se percata del deshecho traje que porta, mejo dicho de los harapos que porta. Ve sangre a la altura de las costillas, no es mucha pero lo suficiente para deducir lo malherido que se encuentra. Logra apoyar su rodilla izquierda en un rictus de dolor intenso, levanta la mirada y se percata de los cientos de cuerpos esparcidos por toda la calle, mas allá de la intersección observa dos enormes siluetas que caminan hacia donde el se encuentra, no logra distinguirlas con claridad debido a un pequeño hilo de sangre que brota de su frente y zigzaguea en dirección a su ojo. Mira hacia su derecha y ve al niño mutilado desde una perspectiva mas clara, se limpia la sangre de su ojo para poder ver con mejor detenimiento la escena. Mira hacia arriba y ve la oscura atmósfera, ve la muerte del cielo, donde antes brotaba vida y color ahora solo es un nauseabundo y mutilado susurro en el ambiente. "No queda nada" se dice mientras una lágrima de desesperación corre por su mejilla. Baja la mirada hacia el cuerpo del niño, se pone de rodillas y se inclina para poder mirarle el rostro. No hay duda alguna, su hijo se halla descuartizado a lo ancho de la calle. Da un súbito brinco hacia atrás por el impacto que le provoca enterarse de que se trata de su creación mas divina en la tierra. Inclina sus rodillas a la altura del pecho y se abraza como un niño muerto de miedo. Su tristeza aumenta y sus lagrimas se vuelven mas pesadas que hace unos momentos. Escucha pisadas rectas a su derecha, alza la mirada y se percata de que son las dos siluetas que vio a lo lejos, son enormes, calcula la altura y se dan cuenta de que están cerca de los dos y medio metros. No les ve el rostro ni las ropas que traen puestas, pero el hombre deduce que se tratan de gabardinas. Una de las siluetas le ofrece la mano al hombre, este la acepta y se levanta de su deprimente posición, se toca la espalda mientra comprime el rostro por el dolor que le provoca hacer esta acción. El hombre no hace preguntas de ningún tipo, se deja escoltar por las siluetas en dirección a la calle, mira sobre su hombro derecho y vuelve a observar con una profunda tristeza el cadáver de su hijo, como si se despidiera de él. Las dos enormes siluetas y el hombre se pierden en el umbral de la putrefacta noche. Hacia el fin del mundo. Hacia el comienzo de la ciudad oscura.


martes, 18 de abril de 2017

Luna de Sangre (cuarta parte)

Carlos cayó pesadamente en otro montículo de proporciones aún mas grandes. La caída fue mas fuerte e intensa y esto lo confirmó al ver su brazo quebrado. Comenzó a gritar de dolor mientras se agarraba fuertemente su brazo.

-¡Maldita sea!- gritó.

Se miró el brazo pero el traje espacial no le dejaba inspeccionar a fondo. Logró ver una mancha de sangre. Pasó su brazo izquierdo por ella y se percató de una rasgadura, metió sus dedos y sintió momentos de horror al sentir una pequeña parte de su hueso roto fuera de la piel.

-Carajo-

Asimiló esta idea y respiró profundamente. Tenia que salir de aquí, de esta situación a como diera lugar. Un olor extraño comenzó a invadir sus fosas nasales. Un olor putrefacto. Miró a su alrededor y con profundo terror miró el espacio de muerte en donde estaba. Era otra bodega, mas grande que la anterior solo que esta en lugar de tener arena lunar había cientos, tal vez miles de cuerpos humanos pudriéndose. Algunos ya solo eran huesos pero la mayoría eran cuerpos completos pudriéndose en el ambiente. Miró la sangre gotear de su brazo y se horrorizó al ver que tocaba un tronco humano. No podía dejar que aquella cosa se lo tragara. Tenia que vivir para contarle al mundo la farsa de la luna.

Volvió a mirar a su alrededor, sin dejar de tocarse el brazo, y se encontró con varios ductos de ventilación junto con una puerta. Bajó la pequeña loma de cadáveres y se dirigió a la puerta. Esta era de acero pero parecía frágil. Carlos pensó en el año que había leído en la placa. La empujó con su brazo sano pero no cedió. La empujó pero tampoco se abrió. La toco y esta transmitía calor del otro lado. Dejó su mano por unos segundos y el metal se empañó un poco, así que se le vino una idea. Deslizarla. Estaba por hacerlo pero una serie de lamentos y ruidos se dejaron escuchar en el ducto por donde caído. El monstruo se acercaba. Carlos actuó rápidamente y comenzó a deslizar la puerta pero esta era pesada para su brazo sano. Empujó con todas sus fuerzas y los lamentos se acercaban cada vez mas. De pronto las patas largas y huesudas de aquella anormalidad comenzaron a asomarse `por el ducto. Carlos utilizó toda su energía y logró abrirla, lo suficiente para que su cuerpo pudiera salir. Agradeció el hecho no haber portado casco en ese momento de lo contrario su escape se hubiera complicado. Una vez del otro lado tenia otra tarea encima. Cerrar la puerta. Encontró una manija de acero soldada y comenzó a empujar la puerta con las fuerzas que le quedaban, El monstruo ya se encontraba en aquella bodega de cadáveres y se acercó rápidamente hacia la puerta que Carlos trataba de cerrar. De pronto una pata huesuda se asomó y su fuerza era superior a la del astronauta. El hombre dio todo de sí y aprovecho el peso de la puerta para romper los huesos de aquella deforme pata. La cosa chilló como una rata. El hombre se apoyó en la puerta pesada de metal mientras jadeaba, estaba agotado y el dolor de su brazo era constante. Se sentó y miró a su alrededor. Estaba en un pasillo largo e iluminado por luces blancas. Había varios ventanales a los lados. El pasillo parecía estar desierto. Carlos se percató del ambiente del lugar y este era totalmente propicio para su cuerpo. No había ruido de ningún tipo y los gritos de Plutarco que había escuchado hace unos momentos. Se levantó con dificultad y miró hacia el ventanal que mostraba el interior de la bóveda de cadáveres. El monstruo succionaba los cuerpos putrefactos como aspiradora, trataba de sostenerse en sus cuatro patas pero le era imposible.

-¿Que carajos será eso?- preguntó.

A un lado del ventanal se encontró con una placa metálica, similar a la que había encontrado en la bóveda inferior. En esta también se encontraban los mismos caracteres, pero esta vez a Carlos se le antojo como una especie de descripción, como si detallara el interior de aquella habitación putrefacta. Miró el pasillo y decidió ir hacia los demás ventanales. El siguiente se encontraba a cinco metros. Carlos avanzó cuidadosamente, temeroso de lo que pudiera encontrar. Al llegara el se encontró con una especie de laboratorio, la puerta de este se encontraba abierta. Carlos entró y lo primero que se encontró fueron fotografías de las fases de la luna pegadas en las paredes. Debajo de ellas había tubos de ensayo, anotaciones, muestras de arena y rocas, a un lado de estas se encontraban un par de fotos mas donde se podía apreciar la llamada "luna nueva" y "luna de sangre". Debajo de cada una había muestras y tubos de ensayo también pero en las muestras de la luna de sangre había un pequeño frasco con ojos, orejas, cabellos, etc. todo tipo de partes humanas faciales.

-¿Que es esto?- preguntó el hombre mientras retrocedía lleno de terror.

-El futuro, colega-

La voz hizo que Carlos volteara inmediatamente y lo que se encontró no le gusto en lo mas mínimo. Se trataba de Plutarco con su traje de astronauta, solo que venia acompañado de dos hombres altos.

-¿Que es esto Plutarco?-

-Ya te lo dije. El futuro. Lamento que tengas que darte cuenta de esta manera-

El rostro de Carlos estaba confuso, temeroso y lleno de ira a la vez.

-Esta es una estación espacial, construida con el único objetivo de controlar a la raza humana- el hombre hizo una pausa y avanzó hacia el interior del laboratorio. -Las muestras que ves aquí son componentes químicos para estructurar el exterior de la luna, provocando las fases de esta y así poder mandar ondas de radio hacia los satélites y estos a su vez a cada televisor y radio existente en la tierra-

-¿Que dices? ¿Con que objetivo?-

-Control. Los gobiernos de la tierra han determinado que nuestra especie es primitiva y completamente ajena a la evolución. Se llegó a esta conclusión a través de ciertos estudios que se le hizo a cada individuo y a cada raza existente en la tierra-

Carlos poco a poco asimilaba lo que el astronauta le decía pero no lo digería. Esto parecía una descarriada pesadilla de la que quería despertara toda costa.

-¿Porque en la luna?-

-Excelente pregunta. Cuando se realizó el primer alunizaje se determinó que la luna tenia un lado oscuro y extraño que los primeros astronautas no pudieron averiguar pues la NASA se los negó rotundamente pues deseaban investigar a fondo. La siguiente misión fu lanzada en secreto hacia el lado oscuro de la luna y esta encontró lo que todos en la Agencia espacial esperaban. Había ruinas y en ellas un templo antiguo construido de manera subterránea. El astronauta Derek King fue el primero en informar el hallazgo, asi como el primero en entrar en ese templo. Si lo preguntas si, hubo un contacto con una raza extraterrestre que buscaban un preciado mineral en nuestro mundo que resultaba vital para el suyo. Ellos decidieron ofrecernos tecnología muy avanzada que desarrollaríamos a lo largo de los años en armas, arquitectura y lo mas importante en...-

-Los televisores- interrumpió Carlos mientras se le venia a la mente la fecha que había visto en la placa. "1969".

-Asi es colega. La luna es hueca y la raza Plut la creó para poder vigilar y observar con mayor detenimiento los minerales que buscaban. Ellos nos dieron la oportunidad de utilizar esta estación para nuestros experimentos. ¿Has oído acerca de las abducciones? Se hacen con el simple objetivo de alimentar a la raza Plut.

-¿La raza Plut?-

-Los hemos llamado así porque dicen provenir de Plutón pero en realidad no hemos podido determinar al cien por ciento su origen y su lenguaje-

-No puedo creerlo. Esos seres delgados y grises entonces son reales-

-Espera, no te confundas, hay millones de razas en el universo. Ellos no tienen nada que ver con la luna. La raza Plut es etérea y pueden tomar la forma de cualquier cosa orgánica que coman. Los que tu nombras están fuera de nuestra jurisdicción-

Carlos pensó en la bola de masa humana nauseabunda que se encontró.

-¿Ya conociste a la mancha voraz? Se alimentó de tantos humanos que dejó de tener forma alguna. El se alimenta de la carroña que le damos. El verdadero objetivo de la raza es la sangre. Son como vampiros estelares-

-¿Esa es la razón de la luna de sangre?-

-Así es. La luna se vuelve roja al abastecerla de sangre se requiere de miles de cuerpos humanos para hacerlo. Las desapariciones de personas que escuchas a diario por todo el mundo son para este propósito-

-¿Que hay de los libros de ciencia?  ¿Los libros escolares? ¿Todo es mentira?-

-El 92% de la información es falsa-

Carlos sentía mareos y nauseas. No podía digerir aquello, no sabia como.

-Teodoro lo sabia. Iba a informar al mundo de esto. Ustedes lo mataron-

-Se le advirtió mas de una vez. No quiso escucharnos. Ahí están las consecuencias-

Ambos se miraron. El rostro de Carlos estaba pálido. Su mirada comenzaba a debilitarse. Había perdido mucha sangre. El hombre se hincó. El dolor lo estaba matando.

-Llevénlo a la bodega- dijo Plutarco a los dos hombres de tunicas blancas.

-¡No espera!-

Carlos se levantó con las ultimas fuerzas. Miró a Plutarco sin dejar de presionar su brazo.

-Quiero ser parte de esto-

Las palabras de Carlos provocaron una total sorpresa en Plutarco. Estaba seguro que optaría por lo contrario. Tomar el camino del difunto Teodoro.

-Decisión correcta. Ven acompáñame-

Carlos fue llevado a la enfermería y estuvo en recuperación por varios días. La tecnología de la raza Plut hizo que su brazo se recuperara rápidamente.

Una semana después los astronautas del Kukulkan I regresaron a la tierra. Las sonrisas en sus rostros mostraban a las cámaras lo exitoso que había resultado la misión. Se les hicieron varias preguntas sobre el viaje y sobre su experiencia en la luna. En la conferencia de prensa Carlos solo atinó decir: "La luna es todo menos lo que esperábamos". El gobierno mexicano de inmediato censuró lo dicho por Carlos. La luna seguirá siendo el ojo que nos observa.

martes, 11 de abril de 2017

Luna de Sangre (tercera parte)

Carlos cayó al vacío y al final de este se encontró con un túmulo de arena que le hizo amortiguar la caída. El golpe le provocó confusión y mareos a la vez pero no perdió el conocimiento. Se sentó y sacudió su cabeza. Se miró las manos enguantadas aún con la vista borrosa. Miró a su alrededor y lo único que pudo apreciar fue una débil luz que provenía de un techo metálico y abovedado. La luz estaba justo encima de su cabeza y solo aluzaba su cuerpo y la arena grisácea de la luna que estaba debajo de él. Bajó la mirada y el resto de la habitación era total penumbra.

-¿Dónde estoy?- preguntó en voz alta y la burbuja de su casco se empañó.

Trató de ponerse en pie pero un repentino mareo lo hizo detener el proceso. Al mover sus manos con facilidad se percató de una cosa importante: la gravedad. En esta especie de bodega había gravedad probablemente parecida a la de la tierra. Al llegar a esta conclusión le llegó una corazonada con respecto al oxígeno. No estaba seguro de hacerlo pero al final decidió quitarse el casco. Inhaló un poco y confirmó el oxígeno del lugar solo que este venía acompañado por un particular olor a humedad. Verificó su micrófono para poder contactar a la tierra, pero este se había roto en la caída. Un fuerte dolor en la cadera le sugirió que no solo el micrófono se había descompuesto.

-Maldita sea- dijo al lúgubre ambiente invadiéndolo de ecos.
Sacó una pequeña linterna y aluzó hacia las áreas oscuras. La estructura de lo que parecía una bóveda se encontró con la luz de la pequeña linterna, al parecer no era tan grade como aparentaba ser en la oscuridad.

-¡Hola! ¡Hay alguien aquí!- gritó Carlos pero su eco fue lo único que pudo responderle.

Aluzó todo a su alrededor y solo veía metal galvanizado y aparentemente muy viejo. Su luz se topó con lo que parecía un extraño letrero antiguo. Se acercó a él caminando con precaución por la arena. Se trataba de un letrero gubernamental solo que se encontraba escrito en otro idioma. El hombre hablaba inglés, francés, alemán y portugués y jamás en su vida había visto esos caracteres. Eran una especie de jeroglíficos, en su mayoría ovalos y líneas perpendiculares. Al final del letrero se podía leer una frase en rojo, encerrada en un rectángulo y un poco más abajo, al pie del mensaje se encontraba el símbolo de la NASA.

-¿Qué es esto?- preguntó susurrando.

El hombre no entendía ni una sola palabra del letrero pero una extraña adrenalina lo invadió al ver el símbolo de la NASA. El letrero era de metal y parecía ser muy viejo. Un poco más abajo, en letras pequeñas, se encontraba lo que parecía una fecha, un número de cuatro dígitos.

-1971- dijo en voz alta.

Miró a su alrededor y no tardó en percatarse en donde se encontraba realmente. Al parecer era una especie de nave, hecha por el gobierno de Estados Unidos pero ¿dentro de la luna? ¿Con que fin?
Repentinamente unos gritos lejanos comenzaron a escucharse.

-¡Plutarco! ¿Dónde estás?-

Carlos comenzó a aluzar todo a su alrededor. Esperaba encontrar alguna especie de compuerta o algún ducto de ventilación. Los gritos aún se escuchaban lejanos, perdidos en el interior de…la luna.

-¡Plutarco! ¡Donde estas!-

De pronto un ruido mecánico emergió de abajo. La arena comenzó a caer por el ducto y una patas largas, grasosas, repletas de apéndices que se movían con una locura desbordante salieron del ducto. Al parecer eran cuatro y estas impulsaban el cuerpo que las controlaba hacia el interior de la bóveda. Un cuerpo redondo y viscoso, conformado por caras humanas emergió. De entre la enorme circunferencia que, Carlos calculó que medía cerca de tres metros de diámetro, salieron varios brazos babeantes y ensangrentados que se alargaron hacia el hombre. Aquella cosa hacia sonidos parecidos a lamentos, quejidos, murmullos, era como si varios cuerpos humanos se compactaran en una sola bestia. Carlos miró las patas, parecidas a las de una araña y en una inspección más cercana se percató de que estaban conformadas por huesos humanos, en especial fémures, tibias, perones, rótulas, unidas por cartílago viscoso y putrefacto. El hombre no podía creer lo que veía, su terror lo paralizó y por un momento creyó que se trataba de una pesadilla pero el sudor de su frente le hizo ver que no era así. Los brazos babeantes estaba por alcanzarlo y Carlos se pegó lo más que pudo a la pared metálica. Su mente se invadió de imágenes, recuerdos de su vida en la tierra, su fuerte afán por lograr el sueño de ir al espacio, las chicas con las que había estado, sus sonrisas y sus muestras de afecto, sus padres que estaban orgullosos de sus logros. Todo se había resumido en un par de segundos. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Era el fin y le daba pánico pensar que sería devorado por un ser nauseabundo y extraterrestre que aguardaba en el interior de la luna. “Ahora entiendo porque Plutarco no quería acercarse”, se dijo.

-¡Maldito seas! ¡Tú lo sabías!- gritó.

Aquel grito de furia lo hizo despabilarse. El miedo salió de sus pensamientos y el deseo de vivir invadió su ser. “Este no es el fin”, se dijo. “Muévete”.


El hombre miró el ducto que aún seguía abierto. Aquel monstruo era torpe en sus movimientos y Carlos al parecer tenía dos ventajas sobre él. La agilidad y la vista pues al parecer aquella cosa no tenía ojos. Se deslizó por debajo de la bola babeante y un olor putrefacto lo mareo por segundos. Se arrastró hacia el ducto al mirar el interior de este vio una especie de túnel perpendicular que descendía hacia la oscuridad. Hacia el interior de la luna. Carlos miró al monstruo y este ya comenzaba a retroceder en sus patas huesudas, hacia el hombre. Aquella cosa podía olerlo. Carlos se armó de valor y se aventó hacia el interior del ducto sin saber lo que le esperaba.